El bajo mundo de la Zona
La misteriosa laguna conocida como La Turbina marca el límite entre dos mundos: uno de opulencia silenciosa y otro de vida intensa y desbordante. Lo que comenzó como una excavación para extraer balasto en los años veinte —destinado a construir la línea férrea de La Trocha, la antigua defensa colonial española— terminó transformándose, por obra de la naturaleza y el fracaso humano, en una laguna insalubre y profunda, nacida de manantiales subterráneos y crecida por huracanes.
El nombre “La Turbina” proviene del colosal motor que intentó sin éxito drenar la mina inundada, cuyo rugido se escuchaba en todos los rincones de Costamar. En torno a esta laguna creció La Zona, un barrio marginal de colores intensos y costumbres desenfrenadas, donde las bodegas eran el alma del lugar: por el día, vendían víveres; por la noche, se transformaban en bares iluminados por vitrolas que lanzaban al viento boleros, guarachas y guaguancós.
La calle de la Comadrona era la línea que separaba dos realidades opuestas. Al sur, casas elegantes de familias ricas; al norte, cuarterías precarias de madera y zinc, pobladas por malhechores, prostitutas y soñadores empedernidos. Por sus calles polvorientas, hombres libidinosos, mujeres voluptuosas y personajes de moral dudosa tejían un paisaje surrealista y vibrante, donde el abandono y la magia convivían en cada rincón.
El mundo mágico de la Turbina es un retrato nostálgico y realismo mágico de un microcosmos cubano donde la decadencia, el deseo y la imaginación confluyen en un universo tan encantador como marginal. De un lado, casas elegantes; del otro, cuarterías precarias y vidas al límite. El Mundo Mágico de la Turbina es un viaje al corazón de un mundo olvidado, lleno de música, deseo, decadencia… y magia.